3.Comienzo (2)

3.Comienzo (2)

Casi todos los chicos que se acercan son castaños, pero destaca un chico, quizás el más alto, con un pelo negro como el carbón. Lo lleva corto, no como los del resto cuyos pelos descansan sobre sus cejas. Su flequillo de apenas unos centímetros, se dispone hacia arriba de forma natural debido a un pequeño remolino, a penas apreciable…En ese preciso momento llegan el resto de las chicas sacándome de mi ensimismamiento.
¿Habéis visto eso? -Comenta Ada
-¡Están buenííííísimos! – Añade Olga
Es increíble como perdeís la cabeza por un saco de músculos. -Respondo
-Unos sacos de músculos muy bien puestos- Refunfuña Edith. -Eres una aguafiestas Indra.
En ese preciso instante suena el timbre. Y todas nos dirigimos al edificio especulando sobre quienes serán nuestros profesores.
Solo un instante bastó para que sucediera, no prestaba atención de por donde iba pisando. Entusiasmada con la conversación no aprecié el insignificante pero suficiente desnivel como para perder el equilibrio y en ese momento supe que no había vuelta atrás. Iba a aterrizar en el suelo delante de toda la escuela, en el primer día de clase. Sería el hazmereír para el resto del año.
En ese momento sentí como alguien me agarraba por debajo de las axilas. Impresionada por la soltura con la que me sostenía y desechando la posibilidad de que hubiera sido Edith, ladee la cabeza y vi al chico de pelo negro.
Su pelo era más negro aún si cabe, pero lo más impresionante era el color verde esmeralda de sus penetrantes ojos.
– Espero que la próxima vez mires por donde vas.- Dijo con una mirada fria.
Ni siquiera me moleste en contestarle, seguí hacia delante buscando a mis amigas, que se habían quedado pasmadas.

El resto de la mañana discurrió tranquila. Realizamos la visita a la sala de simulación y a la pista de vuelo. Nuestro profesor de introducción al pilotaje, el Señor Quirós dejo claro que éramos un puñado de inútiles y que no esperaba gran cosa de nosotros. Era un hombre de unos cincuenta años, alto, robusto y con una barba incipiente en un rostro cuadrado y negruzco, que pareciera que había tomado el sol durante un mes. Aunque no estaba gordo, el polo azul marino que llevaba dejaba entrever una barriga que empezaba a asomarse y unos movimientos ya torpes. Sin embargo nuestra profesora de vehículos aéreos podría ser nuestra hermana mayor. Apenas pasaba de los treinta, pelo corto, rubio y despuntado, ojos marrones rostro afilado y como no podía ser menos, era alta y muy esbelta, todo un espectáculo para los chicos. Por último, tuvo lugar la presentación o mejor dicho la ‘no presentación’ de Meteorología, pues esperamos durante treinta minutos hasta que apareció, Jonás el conserje para informarnos de que la Señora Hervás había tenido un imprevisto y no podría acudir hoy a clase.
Corrí hacia la salida junto com Edith para recoger a Olga y a Ada, que estaban esperando sentadas en el lateral de la escalinata. Durante el camino a casa decidimos quedar esa tarde para ir al centro comercial y celebrar que tras las vacaciones estamos todas juntas de nuevo.

 

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