5.Todo Cambia (2)

5.Todo Cambia (2)

Cuando por fin llegamos al CloudySunday’s Olga y Ada nos esperaban sentadas en una pequeña mesa redonda con dos sillas libres para nosotras. Nos sentamos junto a ellas y esperamos a que nos tomen nota. Solo pedimos Edith y yo, dos coca-colas, ellas habían pedido ya unos Capuccinos.
Ada nos cuenta que Federico, su amor italiano, tiene pensado visitarla la próxima semana, le han de unos días de vacaciones en el restaurante donde trabaja. Se le ve entusiasmada y nerviosa, está claro que quiere impresionarlo.
-Podría llevarlo a los Kart.
-Poco romántico- Opina Ed, para quién el sinónimo de una cita perfecta son rosas, bombones y una buena cena.
-A mí me gustan los Kart, son divertidos- Digo encogiendo los hombros.
-Agradecemos tu colaboración In, pero digamos que no eres una experta en relaciones sentimentales.- Dice Olga guiñándome un ojo a la vez que saca la lengua y pone una cara burlona, que la hace parecer diez años más jóven.
-Quizás llevéis razón. Pero tengo que sorprenderle, no voy a traerlo aquí- dice señalando la sala.
Las demás asienten, yo giro la cabeza, observo la sala y entonces la miro entornando los ojos y contesto: – Yo no lo veo tan mal, ponen buena música, unos batidos de muerte y no es caro. ¿Qué más se puede pedir?.
Las demás se miran entre ellas como si supieran que piensan cada una, y antes de que nadie mas pueda opinar sobre el tema, vemos como Olga se queda boquiabierta.
Todas miramos hacia el punto al que se dirige la mirada de Olga y vemos como pasan unos cinco chicos al interior del bar. Los mismos chicos que Edith y yo habíamos visto en la sala de juegos recreativos.
A medida que estos avanzan, mi respiración aumenta. Se dirigen en nuestra dirección.
Mi cabeza empieza a gritar ¡NO PUEDE SER!. De repente todos separan en mitad de la sala y solo el chico de pelo negro sigue avanzando, hasta que llega a mi altura. Se saca algo del bolsillo, lo mira, me dirige una mirada y comienza a hablar:
-Parece que esto es tuyo- dice con voz socarrona, mientras que alarga su brazo hacia mí, enseñándome lo que parece ser un D.N.I. Me fijo durante unos segundos en la foto de carnet… ¡Soy yo!. Una Indra con tres años menos, una cara poblada de granos y un flequillo recto que cae sobre mis cejas. No puedo creer que él y todos sus amigos hayan visto la peor foto de mi vida. Si esta mañana no fui el hazmereir, lo seré a partir de ahora.
-Sí, parece que es mío. – Alargo la mano para cogerlo, entonces él echa la mano hacia atrás y sonríe.
– ¿ Y las gracias?- Pregunta levantando las cejas.
Le doy las gracias todo lo rápido que mi cabeza y mi boca me lo permiten, en un movimiento rápido me echo hacia delante, cojo mi carnet y observando una mirada de sorpresa en el chico me giro dándole la espalda. Les concedo a mis amigas una mirada que les obliga a beber tan rápido como pueden lo que queda de sus bebidas, levanto la mano y le pido la cuenta al camarero.
Cuando este llega, dejo un billete de diez euros sobre el platito, le dejo la vuelta e inmediatamente nos levantamos las cuatro.
Sin decir nada, me dirijo a los aparcamientos, las demás me siguen. Llegamos al lugar donde Ed aparcó el Wolkswagen. Aprieta el botón y se escucha el sonido que indica que las puertas se han abierto. Nos metemos las cuatro en el interior.
Olga es la primera en romper el silencio.
-¿Qué demonios ha sido eso?
-Se me debió caer antes al pasar junto a los recreativos. Me metí la mano en el bolsillo para comprobar que llevaba mi móvil y al sacarla, se caería. No me puedo creer que todos esos imbéciles hayan visto esa foto.- digo tratando de contener las lágrimas.
-Imbéciles guapos.- Dice Ada.
-Ada, no es el momento, cierra es boca tuya tan bonita- Ordena Edith.- Indra no creo que digan nada al respecto. Quizás solo la vio él.
-Es mejor que volvamos- digo muy avergonzada.
Nos abrochamos el cinturón y salimos en dirección a casa de Olga, más tarde dejamos a Ada y por último Edith me deja en mi casa.
-Si necesitas algo sabes que puedes llamarme- me recuerda Ed dedicándome una sonrisa.
-Muchas gracias, pero estoy mucho mejor- contesto intentando sonar convincente. Me bajo del coche después de darle un beso en la mejilla. Cierro la puerta con cuidado de no dejar más secuelas en el pobre coche y me dirijo a mi casa. Trato de no recordar la bochornosa escena que he sufrido esa tarde, al menos no pensar en ello hasta pasar el trago de reencontrarme con mi madre y sufrir las preguntas de mi padre. Me harto de valor y entro en mi casa, intentando hacer desaparecer de mi mente esas últimas horas.

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