9.Inefable (1)

9.Inefable (1)

El domingo transcurrió de forma tranquila. Mi madre hizo tortitas que embadurné de chocolate, estuve casi toda la mañana sin poder moverme. Aproveche hasta la hora de comer para organizar los apuntes del año anterior y dejarlo todo listo para el día siguiente. Después de comer y echar una reparadora siesta me llamó Edith. Pasamos el resto de la tarde tumbadas sobre mi cama, hablando de todo y de nada. Esto era lo que más me gustaba de estar con mi amiga, pasar las horas y horas y que parecieran minutos. Aunque en ocasiones desearía que Edith parará de moverse y hablar, eso era lo que la hacía especial. Pero lo más importante e impresionante es que siempre sabe cuando debe permanecer callada,  mostrándote su apoyo aunque desconozca  que es lo que te preocupa aún así esperara a que estés preparada y lo compartas con ella. Por lo que cuando se fue a casa aunque no había conseguido tranquilizarme del todo, estaba más serena para enfrentar el día de mañana. Ese era el poder de Edith.

Cuando sonó el despertador a las siete en punto de la mañana deseeé apagarlo y dormir hasta el medio día. Saqué fuerzas y me enfundé mi trajé y me hice una trenza que nacia de la parte baja de mi cabeza. Bajé las escaleras de dos en dos, engullí una magdalena y un vaso de leche, casi ni los saboreé. En ese momento papá gritó mi nombre y sabía que era la hora de salir al instituto.                               Cuando llegué solo estaba allí Olga, Ada y Edith aún no habían llegado.  A los pocos minutos sonó el timbre que daba comienzo las clases, a la vez que mis dos amigas cruzaban la puerta principal del edificio. Según Ada a primera hora tendríamos clase de vuelo. Las cuatro nos dirigimos a la sala de vuelos, rogando porque el señor Quirós no hubiera llegado todavía. A pesar de solo retrasarnos un par de minutos, el profesor estaba ya allí y ocupamos muy rápidamente los últimos sitios que quedaban.

En el mismo momento en el que rocé la silla fui consciente de mi error. Por ello aunque no dirigí mi vista hacia los lados, siempre hacia el frente, pero aún así escuché una voz que decía:

-Seguro que si la clase hubiera sido de baile habrías llegado la primera. Eres una bailarina experta- dijo de forma petulante e irónica.

En ese momento como impulsada por un resorte me giré y noté como mis mejillas se enrojecían. Y le espeté:

-Eres un idiota. – dije a un volumen bastante más alto del que hubiera querido. Y en ese momento fui consciente de mi garrafal error. El señor Quirós se giró y me dirijió una mirada, elevando una ceja y dejando entre ver una risa malévola, aprovechando la oportunidad que yo misma le había brindado y me llamó por mi apellido. -Señorita Beaga, si conoce también está asignatura que puede  hablar durante mi explicación, puede mostrarnos sus conocimientos, mediante una exhibición.

Y en ese momento pasé del rojo al blanco en cuestión de segundos y deseé que la tierra me hiciera desaparecer.

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8.Un nuevo encuentro (3)

8.Un nuevo encuentro (3)

Al llegar a la mesa, escucho como todas hablan animadas sobre lo que nos espera el lunes en clase, lo increíble que será aprender a volar y las ganas que tienen de coger por primera vez un caza. Yo simulo que escucho la conversación y en tres tragos largos termino con mi bebida.

Olga me pregunta algo, pero no recuerdo el que, así que sonrio y asiento.

-In, ¿Qué te pasa?- Me recrimina, con cara de incredulidad.

-Estoy muy cansada, mi madre nos ha arrastrado a mi padre y a mí por todas las tiendas de muebles de la ciudad. Es impresionante lo que ha dado de sí el tiempo. Al menos hemos entrado en unas veinte tiendas. Lo siento- murumuró sintiendome culpable. Últimamente no disfruto como debería con ellas. Cómo si mi cuerpo estuviera pero no mi mente. – ¿Qué me habías preguntado?

-Qué si querías algo de beber, voy a la barra a por otra bebida.

– Pues una Cola… Mmm… Bueno mejor una copa como la de Ed. Total es el último fin de semana de verano.

-¡Así se habla!- Grita Edith.

-Si señor, a soltarnos la melena- Apostilla Ada.

Al cabo de cinco minutos observarmos como Olga se acerca con las bebidas, luchando con todo el que se interpone en su camino e intentando no derramar nada. Desde luego esta noche, el Mooncas está que no cabe un alfiler, y el ruido empieza a resultarme insoportanle. Pero cuando ha pasado un rato lejos de incomodarme, el bullicio, me hace estar muy cómoda. Quizás contribuya el hecho de que casi haya acabado con mi copa, pero no me importa. Esta noche voy a disfrutar. Así que me levanto y las miro a todas:

-Vamos a bailar- digo mientrás empiezo a contonearme.

– ¿Quién eres tú y que has hecho con mi amiga? Pregunta de forma sorprendida Ada.

Se levantan todas y con nuestras copas en las manos nos dirigimos a la pista de baile.

Por un instante pienso en que el muchacho insoportable con el que he coincidido puede estar cerca, pero me da igual. Todo me da igual. Me muevo como puedo al compás de la música. Veo como todas las demás disfrutan y se mueven de forma experta. Y pienso que debería bailar mas a menudo.

Me retiro durante unos instantes y pido otra bebida igual a la anterior. Cuando vuelvo a la pista está Edith en el centro y las otras dos bailando alrededor suya, me hago hueco y bailo con ellas.

Cuando ha pasado un rato Olga mira la hora y decidimos que es hora de irse. Desfilamos todas hacia la puerta.

Al salir el viento me da en la cara y me doy cuenta de que quizás he bebido un poco más de la cuenta. Edith hace mucho que se bebió su copa y no tiene problemas al conducir, al igual que Olga esta muy sobria, sin embargo Ada y yo no podemos parar de reir.

Generalmente son Edith y Ada quienes se encuentran en esta situación y Olga y yo nos responsabilizamos de la situación. Y aunque la idea de que quizás no debería haber bebido, surge en mi cabeza durante dos segundos, pero en ese instante Ada dice algo que mucha gracia, y esa idea abandona mi cabez tan rápido como ha llegado.

Finalmente llego a casa sobre las nueve de la noche, y alego que no tengo mucho apetito y que estoy muy cansada después del dia de compras.

Subo a mi habitación, me pongo el pijama y antes si quiera de pensar en el día de mañana, caigo en un profundo sueño.

 

7. Un nuevo encuentro (2)

7. Un nuevo encuentro (2)

Durante toda la mañana y parte de la tarde mamá nos pasea por cada una de las tiendas de muebles que hay en la ciudad. Cuando el reloj marca la seis, espero que mamá desista y que volvamos a casa. Solo media hora más tarde papá se queja de un fuerte dolor de cabeza y deciden regresar.
Durante el trayecto de vuelta me señala en las revistas  los muebles que más le han gustado, y se que durante la próxima semana su preocupación será elegir el más adecuado.
Cuando llego a casa apenas tengo tiempo para descansar, pues Edith me llama informándome de que pasará a por mi en una hora.
En estos momentos me alegro de no ser como ella y no necesitar una eternidad para estar lista.
Escojo mi indumentaria rápidamente. Una falda vaquera con una hilera de botones que la divide por la mitad y que llega a unos cuatro dedos por encima de la rodilla. Una blusa blanca vaporosa de manga francesa y unas sencillas sandalias doradas.
Recojo mi pelo en una cola de caballo y aplico un poco de rimmel, colorete y el toque final, un poco de colonia.
Preparo mi pequeño bolso de mano y justo cuando he terminado llaman a la puerta.
La abro y detrás está Edith con un ceñido vestido, que descansa sobre sus tobillos. Y calza unas sandalias con una plataforma plateada.
Me da dos sonoros besos y me apremia para no llegar tarde.

Al llegar al Mooncas Olga y Ada y están allí sentadas. Lucen tan exuberantes como siempre. Las dos con pantalón pitillo que resalta su delgadas y largas piernas. Ada además lleva un top ceñido, de color azul que muestra sus atributos y resalta el azul de sus ojos. Su melena rubia está suelta. Al contrario que yo, Ada se siente satisfecha con su talla de sujetador y no trata de esconderla. Por otro lado Olga se oculta bajo una holgada camisa roja que la tapa. Y su precioso pelo negro está recogido en una trenza. No obstante ambas están preciosas.
-¡Qué guapas chicas!- Digo mientras las saludo con dos besos.
Cuando me acomodo en mi sitio me doy cuenta de la cantidad de gente que hay a nuestro alrededor.
-¿Parece que hoy la gente se ha animado a salir no?- Pregunto.
-Por lo visto todos han decidido salir a celebrar el comienzo del curso- Responde Olga casi elevando la voz dos tonos.
-Eso está bien, más gente y consecuentemente más chicos.- Apostilla Edith con cara de niña mala.
-Tú siempre igual Ed -replico yo.- Voy a tomar algo- digo levantándome y preguntando a Edith si ella desea tomar algo, pues las otras dos ya tienen una copa en su mano.
– Un ron con cola estaría bien- contesta.
Me dirijo hacia la barra, pido una coca-cola para mi y la copa para Edith. El camarero parece más interesado de lo habitual. Me pregunta dónde estudio, la edad y otros datos similares y cuando giro en dirección a la mesa, me topo de frente con una brillante sonrisa blanca. No consigo moverme y ese momento de duda es suficiente para que el chico hable.
-Parece que vamos a encontrarnos en todos sitios -dice con suficiencia.
-Eso parece -contesto más dubitativa de lo que debiera.
El chico mira hacia atrás un instante y vuelve a girar su cara hacia mí y con su habitual sonrisa me dice:
-Creo que tus amigas te están llamando, Indra. -En ese momento bajo la mirada sonrojada y tratando de averiguar como demonios ha sabido mi nombre.
Cuando por fin soy capaz de moverme de mi sitio, salgo andando sin atreverme a mirarlo y creo escuchar mientras me alejo que dice, bonita falda con una risa de fondo.

6. Un nuevo encuentro (1)

6. Un nuevo encuentro (1)

-Indra, vamos a cenar, ayuda a tu padre a poner la mesa.- Es lo primero que escucho al cruzar la puerta de mi casa.
Me dirijo al salón saludo a mis padres y me afano en poner la mesa de una forma perfecta, intentando mantener mi mente ocupada.
Por suerte toda la cena transcurre sin demasiadas preguntas. Pues mi madre probablemente esté ocupada pensando en algún problema que haya surgido en su trabajo y mi padre nos informa de que está terriblemente cansado.
Al terminar recojo los platos, vasos y cubiertos y los apilo para que mi madre los meta en el lavavajillas.
Minutos después tras un intento fallido de ver algo en la tele, desisto, me despido y me dirijo a mi habitación.

Me quito las botas y me tiro sobre la cama. Es entonces cuando caigo en la cuenta de que no he mirado el móvil desde que llegue a casa. Tengo diez de WhatsApp del grupo que comparto con mis tres amigas.
– ¿ Indra, estás por ahí?- pregunta Ada
-¿ Indraaa que es lo que ha pasado en el centro comercial?- Escribe Olga.
-¡Indra cuentaaaa!- dice Edith.
Y otros cuantos mensajes en tono inquisitorio.
Les escribo rápidamente un mensaje que dices: Chicas estoy muy cansada, hablamos mañana.
Inmediatamente me quedo dormida.
Me despierto con los primeros rayos de sol, pues había olvidado bajar la persiana antes de ir a dormir. Durante dos horas doy vueltas sobre el colchón tratando de volver a dormir pero el episodio del día anterior me atormenta. No obstante me tranquilizo al recordar que es sábado y que todavía quedan dos largos días hasta que tenga que regresar al colegio. Lo que probablemente significaría volver a ver a aquél estúpido.
Antes de levantarme reviso mi WhatsApp. Tengo unos cien mensajes en el grupo, pero por lo que puedo leer por encima toda la conversación gira entorno al nuevo novio de Ada.
Entonces despliego el teclado y escribo: Chicas, todo bien, lo de ayer fue simplemente una tontería, lo siento mucho. Para compensároslo podríamos ir a tomar algo al Mooncas. ¿Qué os parece?

Cuando lo he enviado me levanto rápidamente de la cama y bajo a la cocina. Mis padres están entorno a la mesa bebiendo un café y desayunando unas tostadas. El delicioso olor me abre nuevamente el apetito y me preparo dos tostadas enormes y las devoro mientras hablo con ellos.

-Indra, ¿Qué te parece si nos acompañas a ver los muebles nuevos que queremos poner en el salón?.- Me pregunta mi madre con ojitos de cordero degollado.
-Mmm, está bien, pero a las ocho he quedado con las chicas.- Contesto sabiendo que el día de hoy será un suplicio, pero reconfortada sabiendo que mi madre es un poquito más feliz.
Mis padres saben que detesto las compras. Mas bien dicho las compras que duran horas y horas, es decir la compras con mamá. Papá las soporta, pero creo que porque hacen muy feliz a mamá y eso lo hace feliz a él.
Una vez he terminado el desayuno corro escaleras arriba.
Cojo mis vaqueros oscuros, una camiseta blanca básica, mis zapatillas azules y un cazadora por si refresca.
A las doce estamos saliendo por la puerta.

5.Todo Cambia (2)

5.Todo Cambia (2)

Cuando por fin llegamos al CloudySunday’s Olga y Ada nos esperaban sentadas en una pequeña mesa redonda con dos sillas libres para nosotras. Nos sentamos junto a ellas y esperamos a que nos tomen nota. Solo pedimos Edith y yo, dos coca-colas, ellas habían pedido ya unos Capuccinos.
Ada nos cuenta que Federico, su amor italiano, tiene pensado visitarla la próxima semana, le han de unos días de vacaciones en el restaurante donde trabaja. Se le ve entusiasmada y nerviosa, está claro que quiere impresionarlo.
-Podría llevarlo a los Kart.
-Poco romántico- Opina Ed, para quién el sinónimo de una cita perfecta son rosas, bombones y una buena cena.
-A mí me gustan los Kart, son divertidos- Digo encogiendo los hombros.
-Agradecemos tu colaboración In, pero digamos que no eres una experta en relaciones sentimentales.- Dice Olga guiñándome un ojo a la vez que saca la lengua y pone una cara burlona, que la hace parecer diez años más jóven.
-Quizás llevéis razón. Pero tengo que sorprenderle, no voy a traerlo aquí- dice señalando la sala.
Las demás asienten, yo giro la cabeza, observo la sala y entonces la miro entornando los ojos y contesto: – Yo no lo veo tan mal, ponen buena música, unos batidos de muerte y no es caro. ¿Qué más se puede pedir?.
Las demás se miran entre ellas como si supieran que piensan cada una, y antes de que nadie mas pueda opinar sobre el tema, vemos como Olga se queda boquiabierta.
Todas miramos hacia el punto al que se dirige la mirada de Olga y vemos como pasan unos cinco chicos al interior del bar. Los mismos chicos que Edith y yo habíamos visto en la sala de juegos recreativos.
A medida que estos avanzan, mi respiración aumenta. Se dirigen en nuestra dirección.
Mi cabeza empieza a gritar ¡NO PUEDE SER!. De repente todos separan en mitad de la sala y solo el chico de pelo negro sigue avanzando, hasta que llega a mi altura. Se saca algo del bolsillo, lo mira, me dirige una mirada y comienza a hablar:
-Parece que esto es tuyo- dice con voz socarrona, mientras que alarga su brazo hacia mí, enseñándome lo que parece ser un D.N.I. Me fijo durante unos segundos en la foto de carnet… ¡Soy yo!. Una Indra con tres años menos, una cara poblada de granos y un flequillo recto que cae sobre mis cejas. No puedo creer que él y todos sus amigos hayan visto la peor foto de mi vida. Si esta mañana no fui el hazmereir, lo seré a partir de ahora.
-Sí, parece que es mío. – Alargo la mano para cogerlo, entonces él echa la mano hacia atrás y sonríe.
– ¿ Y las gracias?- Pregunta levantando las cejas.
Le doy las gracias todo lo rápido que mi cabeza y mi boca me lo permiten, en un movimiento rápido me echo hacia delante, cojo mi carnet y observando una mirada de sorpresa en el chico me giro dándole la espalda. Les concedo a mis amigas una mirada que les obliga a beber tan rápido como pueden lo que queda de sus bebidas, levanto la mano y le pido la cuenta al camarero.
Cuando este llega, dejo un billete de diez euros sobre el platito, le dejo la vuelta e inmediatamente nos levantamos las cuatro.
Sin decir nada, me dirijo a los aparcamientos, las demás me siguen. Llegamos al lugar donde Ed aparcó el Wolkswagen. Aprieta el botón y se escucha el sonido que indica que las puertas se han abierto. Nos metemos las cuatro en el interior.
Olga es la primera en romper el silencio.
-¿Qué demonios ha sido eso?
-Se me debió caer antes al pasar junto a los recreativos. Me metí la mano en el bolsillo para comprobar que llevaba mi móvil y al sacarla, se caería. No me puedo creer que todos esos imbéciles hayan visto esa foto.- digo tratando de contener las lágrimas.
-Imbéciles guapos.- Dice Ada.
-Ada, no es el momento, cierra es boca tuya tan bonita- Ordena Edith.- Indra no creo que digan nada al respecto. Quizás solo la vio él.
-Es mejor que volvamos- digo muy avergonzada.
Nos abrochamos el cinturón y salimos en dirección a casa de Olga, más tarde dejamos a Ada y por último Edith me deja en mi casa.
-Si necesitas algo sabes que puedes llamarme- me recuerda Ed dedicándome una sonrisa.
-Muchas gracias, pero estoy mucho mejor- contesto intentando sonar convincente. Me bajo del coche después de darle un beso en la mejilla. Cierro la puerta con cuidado de no dejar más secuelas en el pobre coche y me dirijo a mi casa. Trato de no recordar la bochornosa escena que he sufrido esa tarde, al menos no pensar en ello hasta pasar el trago de reencontrarme con mi madre y sufrir las preguntas de mi padre. Me harto de valor y entro en mi casa, intentando hacer desaparecer de mi mente esas últimas horas.

4.Todo cambia

4.Todo cambia

Normalmente cada verano Ada, Olga Edith y yo lo pasamos separadas y nos reunimos de nuevo al finalizar las vacaciones de verano, ya que cuando el mes de junio llega a la ciudad mis padres deciden hacer las maletas y viajar a la isla de Menorca, donde tenemos un pequeño pero muy bien situado piso en la playa.  Decidieron comprarlo cuando quedaron encandilados por las playas de la isla durante su luna de miel. Desde entonces pasamos cada verano allí.
Edith por el contrario pasa su verano aquí, ya que sus padres trabajan durante toda esta temporada. Este año al fin ha podido viajar sola y hemos pasado dos semanas inolvidables.
Los padres de Olga son totalmente opuestos a los míos y cada año viajan al norte de la península, donde tienen familia.
Ada por otro lado, cada verano viaja un lugar distinto. Este año ha estado en la Toscana italiana, donde conoció al chico con el que se mensaje cada día vía e-mail. A pesar de que todas las demás estamos seguras de que solo será un capricho pasajero ella apuesta que será el amor de su vida. Así es Ada. Cada año viaja a un lugar distinto, encandila a algún lugareño, generalmente increíblemente guapo y al cabo de tres meses decide que está demasiado aburrida para seguir hablando con él.

Cuando llego a casa mi padre aún no ha llegado, pero mi madre me recibe con una mirada inquisitiva esperando cada uno de los detalles del primer día.
Le cuento todo a cerca de lo que hemos visto tanto en la sala de simulaciones como en la sala de vuelo y las primeras impresiones sobre los profesores.
Y cuando termino pregunta:
-¿ Y los chicos qué tal?
– ¿Qué os pasa a todas con ese tema?- contesto
Entonces mamá se da la vuelta y comienza a cargar el lavavajillas. Avergonzada por mi reacción y tornándome del color de un tomate, cuando recuerdo lo ocurrido con aquel chico esa mañana, me dirijo a mi cuarto.

Me tumbo en la cama, continúo leyendo el libro que había empezado días antes y espero que pase el tiempo hasta que me llame Edith.
Suena el teléfono, lo cojo y contesto.
-¡Hola Ed!
-Indra, sal a tu puerta estoy esperándote.
Me miro de arriba abajo y me percato de que no me he quitado aún el traje de la escuela.
-Edith salgo en quince minutos.- Y cuelgo sin dar opción a que Edith me regañe, aunque se que me dedicará más de una mirada de desaprobación cuando me monte en su coche.
Me visto a la velocidad del rayo. Cojo unos vaqueros desteñidos, una camiseta ancha roja, con un escote demasiado pronunciado para mi gusto y unas botas Chelsea negras que me compré el invierno pasado.
Me aplico un poco de maquillaje y rimel en las pestañas y salgo corriendo por la puerta, todavía con la cola de caballo que me hice esta mañana. Me despido de mi madre gritando antes de cerrar la puerta de salida y de un bote me siento al lado de Edith.
-Cómo siempre tarde.
– Edith, lo siento se me olvidó cambiarme. No he tardado tanto- contesto dedicándole una sonrisa de niña buena.
-Siempre tienes alguna excusa, el día que lleguemos puntuales, ese día se habrá acabado el mundo Indra.
-No te enfades Edith. Y por favor intenta que no muramos en el intento.- Le dedico un guiño.
Edith refunfuña y acelera.
Mi amiga obtuvo su licencia para conducir a final de verano y todavía cuando me subía en ese viejo Polo Volkswagen sentía la necesidad de agarrarme al asidero y no soltarlo hasta que hubiera terminado el viaje.

Al llegar al parking del centro comercial Ed trata de aparcar entre dos coches, en un hueco realmente estrecho, pero después de maniobrar durante diez minutos consigue aparcar. Y  con dificultad conseguimos salir del vehículo.
Nos dirigimos al interior del centro comercial, al CloudySunday’s donde hemos quedado con Olga y Ada.
Vamos parloteando acerca del primer día nuestras expectativas y pidiendo que la comida que sirven en el comedor este año sea como mínimo digerible.
Entonces en ese instante pasamos por una zona de juegos recreativo donde se agrupan los jóvenes jugando al billar, futbolín y al girar la cabeza hacia uno de esos grupos, entonces lo veo. Ese pelo negro no pasa desapercibido fácilmente. Me abstraigo de todo lo demás y lo único que veo es a él. Y como si supiera que alguien lo estuviera mirando, gira la cabeza, me mira y con suficiencia me lanza una sonrisa, que esquivo desviando mi mirada, rezando para que esa sonrisa no fuera dirigida a mí y aún más importante para que mi amiga no hubiera visto nada. Podía llegar a ser realmente pesada.
Para mi alivio  ella perdió aún más el juicio que yo y comenzó a mirar y comentar como era posible que hubiera tanto chico guapo en tan poco espacio.

3.Comienzo (2)

3.Comienzo (2)

Casi todos los chicos que se acercan son castaños, pero destaca un chico, quizás el más alto, con un pelo negro como el carbón. Lo lleva corto, no como los del resto cuyos pelos descansan sobre sus cejas. Su flequillo de apenas unos centímetros, se dispone hacia arriba de forma natural debido a un pequeño remolino, a penas apreciable…En ese preciso momento llegan el resto de las chicas sacándome de mi ensimismamiento.
¿Habéis visto eso? -Comenta Ada
-¡Están buenííííísimos! – Añade Olga
Es increíble como perdeís la cabeza por un saco de músculos. -Respondo
-Unos sacos de músculos muy bien puestos- Refunfuña Edith. -Eres una aguafiestas Indra.
En ese preciso instante suena el timbre. Y todas nos dirigimos al edificio especulando sobre quienes serán nuestros profesores.
Solo un instante bastó para que sucediera, no prestaba atención de por donde iba pisando. Entusiasmada con la conversación no aprecié el insignificante pero suficiente desnivel como para perder el equilibrio y en ese momento supe que no había vuelta atrás. Iba a aterrizar en el suelo delante de toda la escuela, en el primer día de clase. Sería el hazmereír para el resto del año.
En ese momento sentí como alguien me agarraba por debajo de las axilas. Impresionada por la soltura con la que me sostenía y desechando la posibilidad de que hubiera sido Edith, ladee la cabeza y vi al chico de pelo negro.
Su pelo era más negro aún si cabe, pero lo más impresionante era el color verde esmeralda de sus penetrantes ojos.
– Espero que la próxima vez mires por donde vas.- Dijo con una mirada fria.
Ni siquiera me moleste en contestarle, seguí hacia delante buscando a mis amigas, que se habían quedado pasmadas.

El resto de la mañana discurrió tranquila. Realizamos la visita a la sala de simulación y a la pista de vuelo. Nuestro profesor de introducción al pilotaje, el Señor Quirós dejo claro que éramos un puñado de inútiles y que no esperaba gran cosa de nosotros. Era un hombre de unos cincuenta años, alto, robusto y con una barba incipiente en un rostro cuadrado y negruzco, que pareciera que había tomado el sol durante un mes. Aunque no estaba gordo, el polo azul marino que llevaba dejaba entrever una barriga que empezaba a asomarse y unos movimientos ya torpes. Sin embargo nuestra profesora de vehículos aéreos podría ser nuestra hermana mayor. Apenas pasaba de los treinta, pelo corto, rubio y despuntado, ojos marrones rostro afilado y como no podía ser menos, era alta y muy esbelta, todo un espectáculo para los chicos. Por último, tuvo lugar la presentación o mejor dicho la ‘no presentación’ de Meteorología, pues esperamos durante treinta minutos hasta que apareció, Jonás el conserje para informarnos de que la Señora Hervás había tenido un imprevisto y no podría acudir hoy a clase.
Corrí hacia la salida junto com Edith para recoger a Olga y a Ada, que estaban esperando sentadas en el lateral de la escalinata. Durante el camino a casa decidimos quedar esa tarde para ir al centro comercial y celebrar que tras las vacaciones estamos todas juntas de nuevo.